La Ceremonia del Nakhl-Gardani en Yazd; Un Rito Fúnebre Milenario Registrado por la UNESCO

En el desierto central de Irán, en la histórica ciudad de Yazd, cada año en el décimo día del mes de Muharram, ocurre una escena que pocos lugares en el mundo pueden igualar. Una multitud de dolientes carga sobre sus hombros una enorme estructura de madera que pesa varias toneladas, mientras el grito rítmico de “¡Ya Husein!” resuena entre las estrechas callejuelas de barro. El polvo del desierto se mezcla con las lágrimas, y la atmósfera se carga de una emoción difícil de describir con palabras.

Este antiguo rito se llama Nakhl-Gardani, una ceremonia religiosa con más de mil años de antigüedad que fue inscrita en 2011 en la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO. No es simplemente un acto de luto: es una exhibición de fe, arte y unidad comunitaria que ha sobrevivido al paso de los siglos.

¿Qué es el Nakhl y qué representa?

El Nakhl es una gran estructura de madera, a veces de más de 10 metros de altura, con forma de hoja de palmera o espada. Se guarda durante todo el año en un lugar especial del pueblo o ciudad, y solo se saca en los días de luto. Está ricamente adornado con telas preciosas, pañuelos de colores, espejos, dagas y pequeños estandartes. Cada adorno tiene un significado y ha sido donado por familias locales a lo largo de generaciones.

Para los creyentes, el Nakhl simboliza el ataúd del Imam Husein, el nieto del Profeta Muhammad, que fue martirizado en Karbala en el año 680 d.C. junto a sus compañeros y familiares. Pero el Nakhl también tiene raíces más antiguas: en las tradiciones preislámicas de Irán, representaba el árbol de la vida, la fertilidad y la conexión entre el cielo y la tierra. Esta fusión de significados hace del Nakhl un símbolo profundamente complejo y poderoso.

La ceremonia paso a paso

La tarde del día de Ashura, el décimo día de Muharram, es el momento culminante. El Nakhl, que ha sido preparado durante días, es llevado desde su lugar de resguardo hasta la plaza principal. Los hombres de la comunidad, desde jóvenes hasta ancianos, se colocan debajo de la estructura. Cada uno lleva un pañuelo atado a la cintura, no como adorno, sino como herramienta para sujetarse mejor a la madera.

Con un grito colectivo, el Nakhl se eleva sobre cientos de hombros. La multitud comienza a moverse en un patrón ritual: generalmente siete vueltas alrededor de la plaza, aunque el número puede variar según la tradición local. El movimiento no es rápido ni caótico, sino lento y pesado, casi como si la propia estructura estuviera cargada de siglos de dolor.

Durante todo el recorrido, recitadores profesionales guían a la multitud con elegías que narran la tragedia de Karbala. La multitud responde con golpes de pecho y a veces con lágrimas. El esfuerzo físico es inmenso, pero nadie se queja. Sostener el Nakhl es considerado un honor y una bendición.

Yazd; la capital de los Nakhls

La provincia de Yazd, en el centro de Irán, es reconocida como la capital del Nakhl-Gardani. Esta región desértica, que también está inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO por su arquitectura única, alberga algunas de las ceremonias más impresionantes.

Cada barrio de la ciudad de Yazd tiene su propio Nakhl, y existe un orgullo local por tener el más antiguo, el más grande o el más bellamente decorado. El Nakhl de Amir Chakhmaq, en el centro de la ciudad, es uno de los más visitados por turistas. Pero quizás el más impresionante es el del pueblo de Kharanaq, con más de 500 años de antigüedad. Su tamaño y peso requieren la participación de cientos de personas para moverlo.

En los pueblos más pequeños, la ceremonia adquiere un carácter íntimo y profundamente comunitario. Todos participan, todos contribuyen, y el Nakhl se convierte en el centro simbólico que une a la comunidad.

Un rito que trasciende religiones

Uno de los aspectos más hermosos del Nakhl-Gardani es su capacidad para unir a personas de diferentes creencias. En algunas aldeas de Yazd, los zoroastrianos, seguidores de la antigua religión preislámica de Irán, participan activamente en la ceremonia ayudando a cargar el Nakhl. No lo hacen por conversión religiosa, sino por respeto a sus vecinos y por mantener una tradición comunitaria que consideran parte de su identidad compartida.

Esta convivencia pacífica entre religiones no es nueva en Irán, pero el Nakhl-Gardani la hace visible de una manera especialmente conmovedora. En un mundo a menudo dividido por diferencias religiosas, ver a musulmanes y zoroastrianos cargando juntos un símbolo sagrado es un recordatorio poderoso de lo que nos une.

Reconocimiento internacional

En 2011, la UNESCO incluyó el Nakhl-Gardani en su Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. El reconocimiento no fue solo para la ceremonia en sí, sino para todo el complejo de tradiciones que la rodean: la construcción artesanal de los Nakhls, las técnicas de decoración transmitidas por generaciones, las elegías y poemas compuestos específicamente para la ocasión, y el conocimiento comunitario necesario para organizar un evento de esta magnitud.

La UNESCO destacó especialmente cómo el Nakhl-Gardani ha logrado mantenerse vivo durante siglos, adaptándose a los cambios sociales sin perder su esencia, y cómo continúa desempeñando un papel central en la vida comunitaria de las regiones donde se practica.

El Nakhl en otras regiones de Irán

Aunque Yazd es el centro más conocido, el Nakhl-Gardani se practica en muchas otras regiones de Irán, cada una con sus particularidades:

En Kashan, los Nakhls son más pequeños y ligeros, y las mujeres tienen un papel más visible en la ceremonia, algo menos común en otras regiones.

En Mazandarán, en el norte de Irán, los Nakhls se adornan con ramas de árboles locales y la ceremonia se acompaña de música tradicional, algo que no ocurre en el centro del país.

En Ardakan, el Nakhl-Gardani se combina con el “Pamenbari”, una procesión alrededor de un púlpito que tiene su propio simbolismo.

En los pueblos cercanos a Qom, algunos Nakhls se sumergen brevemente en agua al final de la ceremonia, un gesto que recuerda la sed que sufrió el Imam Husein y sus seguidores en Karbala.

La experiencia del visitante

Para un visitante extranjero, presenciar el Nakhl-Gardani puede ser una experiencia abrumadora. La intensidad emocional, el esfuerzo físico colectivo, la belleza visual del Nakhl decorado y la profundidad histórica de la ceremonia crean un impacto difícil de olvidar.

Muchos turistas que han tenido la oportunidad de estar presentes describen la experiencia como algo que va más allá de lo meramente visual o auditivo. Es una experiencia que se siente en el cuerpo, en la emoción compartida con extraños que por un momento dejan de serlo.

Un periodista español que presenció la ceremonia en Yazd escribió: “He visto muchas procesiones religiosas en diferentes partes del mundo, pero ninguna como esta. No es solo la gente caminando; es como si toda la historia de una comunidad se moviera sobre sus hombros.”

Conclusión

El Nakhl-Gardani de Yazd es mucho más que una ceremonia religiosa. Es un fenómeno cultural complejo que entrelaza fe, arte, historia y comunidad. Es la expresión visible de una tradición que ha sobrevivido milenios, adaptándose sin perder su alma.

Cuando cientos de hombres levantan el Nakhl sobre sus hombros y comienzan a girar al ritmo de los cánticos, no están simplemente recordando un evento del pasado. Están reafirmando su identidad, fortaleciendo sus lazos comunitarios y transmitiendo a la siguiente generación un legado que esperan que continúe vivo por otros mil años.

La inscripción en la UNESCO es un reconocimiento merecido, pero el verdadero tesoro es que esta ceremonia sigue siendo, ante todo, un acto de fe y comunidad vivido desde dentro, no una representación para turistas. Y mientras haya personas dispuestas a cargar el Nakhl sobre sus hombros, esta tradición milenaria seguirá viva.


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