🍃 El té iraní: aroma del norte, sabor de vida

De los campos de niebla de Guilán a las tazas del descanso

En el norte de Irán, entre montañas, lluvia y el mar Caspio,
los arbustos de té crecen tranquilos, ordenados, cubriendo las colinas de verde intenso.
En las provincias de Guilán y Mazandarán, la tierra respira humedad y vida,
y el aire se llena del aroma de las hojas recién cortadas.
Aquí, el té iraní tiene su hogar. ☕


🌿 La historia de una hoja iraní

Aunque muchos piensan que el té llegó recientemente a Irán,
su historia se remonta al siglo XIX.
Un comerciante iraní, conocido como Kashf-ol-Saltaneh, llevó las primeras semillas desde la India a Guilán.
Desde entonces, los pueblos del norte se llenaron de manos trabajadoras —mujeres y hombres—
que transformaron esas hojas verdes en la bebida nacional de Irán.


🧺 Vida entre los campos de té

Al amanecer, cuando la niebla cubre las colinas,
las mujeres locales, vestidas con ropas coloridas,
recorren los campos recogiendo las hojas más tiernas.
Cada cosecha es fruto de paciencia y precisión.

El té de Guilán tiene un aroma suave y terroso,
mientras que el de Mazandarán es más fuerte y oscuro.
Pero ambos comparten el mismo espíritu: el sabor de la tierra iraní.

Vista aérea de los campos de té en terrazas de Lahiyán al amanecer


🫖 El té y la economía del norte

El té no es solo una bebida; es una parte esencial de la economía familiar y rural del norte de Irán.
Miles de familias viven de plantar, cosechar y secar las hojas.
En pequeñas fábricas locales, el té se seca, se tuesta y se empaqueta antes de viajar por todo el país.


💬 El té, símbolo de hospitalidad iraní

En Irán, el té no es solo una costumbre: es una forma de conexión.
Se sirve en cada casa, en cada visita, en cada conversación.
Una taza de té es una pausa, una invitación, un gesto de bienvenida.


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